Piter Ortega es cubano. Una de sus memorias más preciadas de su país tiene que ver con la belleza de la arquitectura colonial, el ruido de los autos viejos que pueblan La Habana y que devuelven al pasado, como si la Isla hubiera estado detenida en el tiempo por varios decenios. De Cuba recuerda también el concepto de la amistad y la familia (hermoso e innegociable), así como el sentido del humor de los cubanos, que hace que no exista carencia económica capaz de robarles su sonrisa.

Su pasión, explicó Piter, es contar las historias de los hispanos e inmigrantes de la ciudad de Nueva York, sus angustias y problemas, su adaptación a un nuevo contexto, pero también sus alegrías y logros. "Es nuestra gran misión", añadió. "Nuestro reto es hacerlo sin estereotipos. No se trata de contar esas historias desde 'fuera', sino conviviendo y conociendo en profundidad dichas comunidades hispanas, entendiendo sus verdaderas necesidades y sistema de valores".

Hay tres logros en su carrera de los cuales Piter se siente particularmente orgulloso: la publicación de tres libros sobre arte cubano contemporáneo, el haber sido galardonado con el premio nacional de crítica de arte Guy Pérez Cisneros, otorgado por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas de la República de Cuba; y lo más reciente: su graduación como Master of Arts in Journalism (Craig Newmark Graduate School of Journalism at CUNY).